miércoles, 23 de mayo de 2018

CSI Repil (III)


El crack de 1929 barrió los sueños de muchos de estos emigrantes afincados en Cuba y Estados Unidos. La quiebra de los bancos en donde guardaban celosamente sus ahorros hizo que familias enteras se viesen obligadas a retornar a su tierra. La crisis y el paro masivo marcaron los años de la IIª República en el valle de Lemos. Monforte era la segunda ciudad de la provincia de Lugo, el enclave ferroviario más importante de Galicia. El ayuntamiento intentó superar el monocultivo del tren, e incentivó la industria. En 1935 accedió a que se crease al pie del yacimiento romano de O Castelo Pequeno una fábrica de teja y cerámica. Esta factoría fue promovida por el empresario y banquero coruñés Pedro Barrié de la Maza, presidente del Consejo de Administración de todo un holding de la época: Industrias Gallegas S.A. De aquí salió gran parte del material constructivo con el que se hizo y rehízo la casa de Repil.

Una muestra de los materiales de construcción fabricados en
O Castelo y recuperados en la casa de Repil.

La República intentó aplicar como pudo su programa de reformas sociales en el rural. Las escuelas de las parroquias de la zona notaron los nuevos tiempos. Durante décadas, durante el franquismo, la placa con el escudo republicano se conservó milagrosamente en la pared de la escuela de Chavaga, aquella en la que estudiaron los niños y niñas de la familia Amaro. A diferencia de otras comarcas, aquí los indianos no habían invertido en infraestructuras docentes. El Estado tampoco. Basta con leer el Viaje a las escuelas de Galicia del periodista Luis Bello, vinculado a la Institución Libre de Enseñanza y que visitó Chavaga y Reigada en los años 20.

Manifestación del 1 de mayo de 1936 en Monforte de Lemos.

El tren inoculó en los enclaves ferroviarios del valle del Sil las ideas de progreso y las ansias por construir un mundo nuevo. El caciquismo comenzó a resquebrajarse. El sindicato UGT y el PSOE tenían mucho peso en la zona. La revolución de 1934 se hizo sentir con fuerza. En el campanario de Ribasaltas se llegó a colocar la bandera soviética. Los jóvenes de la parroquia de Cereixa se envalentonaron e intentaron dinamitar el puente del ferrocarril. La operación fue un fiasco y muchos de ellos tomaron por vez primera una decisión: echarse al monte, refugiarse en la Serra de Lamas, en Santa Bárbara, en A Costa, en las inmediaciones de Repil. La represión acabó con el alcalde socialista de Monforte, Juan Tizón Herreros, en la cárcel. La victoria del Frente Popular en febrero del 36 hizo temer lo peor a la derecha tradicionalista, a los sindicatos agrarios católicos, a la patronal y los caciques rurales. La manifestación del 1 de mayo en la capital lemava fue multitudinaria. Esa histórica fotografía fue de gran utilidad para los matones falangistas en el verano de 1936.

Juan Tizón Herreros en su época de alcalde de Monforte de Lemos.

Las fuerzas golpistas sabían que había que hacerse con Monforte lo antes posible. Se aprovecharon de que los civiles más combativos se habían desplazado a Lugo para intentar frenar el golpe en la capital. Con la Guardia Civil dueña de las calles, dio comienzo una represión feroz, la caza del hombre. Juan Tizón, alcalde de Monforte, se ocultó en la parroquia de Torbeo, en donde nació uno de los guerrilleros muertos en Repil, O'Porreto. El alcalde consiguió huir y afincarse en Oporto, en donde fue acogido por Mario Soares. Allí se convirtió en agente de los servicios secretos británicos, falleciendo en 1945. El alcalde de A Pobra do Brollón, Antonio Reboiro, republicano, masón, miembro de un partido agrarista, fue fusilado en 1939, acusado de auxilio a la rebelión. Como los Amaro, había regresado de América con ideas nuevas, tan locas como la de montar una biblioteca.

El alcalde de A Pobra do Brollón, Antonio Reboiro, fusilado en 1938.

Escuadras negras sembraron el terror. Hombres convertidos en topos, eran denunciados, torturados y vilmente asesinados, como el concejal socialista de Monforte, Ramón Somoza, exhumado por la ARMH en 2016 en la vecina parroquia de Castroncelos. Este contexto ayuda a explicar por qué se echaron al monte unos huidos que acabarían convertidos en guerrilleros.

Exhumación en junio de 2016 en el atrio de la iglesia de Castroncelos (ARMH).

Mientras todo esto pasaba, la familia Amaro veía como su casa recién estrenada se encontraba en el epicentro de un territorio militarizado, con guardias custodiando la vía del tren, la carretera y el paso a nivel. Con la guerra llegó otra desgracia: en 1937 fallecía el cabo da casa, Maximino. Su viuda, Teresa, quedaba a cargo de una familia extensa en la época más mísera y miserable que se recuerda.


sábado, 19 de mayo de 2018

CSI Repil (II)

Maximino Amaro y Teresa López, los fundadores de la casa de Repil.

En esta zona de la Galicia rural los castros sigue siendo hitos en el paisaje. El castro de Chavaga aparece citado ya como límite entre condados en época sueva. La gente vivía y sigue viviendo, en el Alto. Fue más fácil cruzar el Atlántico y afincarse a miles de kilómetros de distancia, que bajar medio kilómetro a asentarse en el llano. Hombres de estas parroquias fueron reclutados para hacer con sus manos la mayor obra de ingeniería del momento: el canal de Panamá. Esta fue la punta de lanza para probar suerte después en los Estados Unidos y Cuba. Las viejas viviendas abandonadas en Chavaga y parroquias limítrofes lucen todavía en los dinteles de las portadas placas oxidadas de casas de seguros de Santiago de Cuba y de La Habana. En sus paredes se desconcha la decoración esgrafiada, hecha a imitación de modelos urbanos de allá.

Levantamiento topográfico del despoblado de Repil.

 
Una de estas familias que abandonaron el Alto para hacer las Américas fueron los Amaro. Antonio Díaz Amaro todavía conserva el viejo libro de familia editado bajo el reinado de Alfonso XIII con la autorización del Ministerio de Gracia y Justicia. Tras la portada violácea cruzada por un manchón a modo de meandro de la memoria, se recoge con exactitud burocrática el devenir de una serie de individuos trasatlánticos. El 21 de mayo de 1919 se casaban en la iglesia de Chavaga Maximino Amaro (1897-1937) y María Teresa López Ayán (1897-1962). Un año después nacía en la Central de Socorro de Matanzas (Cuba) su primer hijo, de nombre Alfredo. En 1922, en Cárdenas (Cuba), veía la luz Inés. En 1924 en La Habana, nacía el tercer vástago, Álvaro. A su vez, Ofelia venía al Nuevo Mundo en 1926, en El Vedado, La Habana. Libertad nacería en 1927, de vuelta ya a Chavaga. El último hijo, el pequeño Julio, se murió con sólo dos años de edad (1930-1932).

El vuelo americano de 1956 da una buena idea de cómo era este espacio en 1949.


En los años de la IIª República, la familia Amaro López decidió dar un paso más ambicioso que el de cruzar el océano atlántico: bajar al llano. La dinastía Julio-Claudia, los flavios... se empeñaron por vía civil y criminal en que los galaicos abandonasen los castros en época altoimperial. No valió de nada. En Chavaga hubo que esperar 2000 años. Los Amaro, como otros emigrantes retornados, habían visto mundo y sabían que el Progreso, con mayúsculas, estaba en la carretera y en la vía del tren. En el paraje deshabitado de Repil había un paso a nivel y la parada del coche de línea. La gente de A Pobra do Brollón, cuando volvía de la feria o de las fiestas de Monforte, organizaba improvisadas foliadas aquí. Repil era una zona fronteriza con unos lindes no muy claros en aquel entonces. Maximino Amaro tuvo que solicitar permiso en 1934 a Obras Públicas para levantar su casa, ya que el solar elegido podía verse afectado por la servidumbre impuesta por la carretera de tercer orden de Puebla de Brollón a Orense. La nueva casa se emplazaba a la altura del kilómetro 1, hectómetro 7.

Repil antes del incendio de 2017, cubierto de vegetación.


En esa época, el solar se hallaba dentro del término municipal de A Pobra do Brollón. Será este ayuntamiento el que le conceda permiso para construir una casa, el 8 de septiembre de 1934, con la condición de que la fachada de la obra fuese paralela al eje de la carretera y distase por lo menos quince metros y cincuenta centímetros. La licencia de obra se aprueba el 12 de diciembre de 1935.
Mojón megalítico en el extremo de la huerta de los Amaro:
límite entre Monforte de Lemos y A Pobra do Brollón.
 
Esta vivienda, como era tradicional entonces, se construyó a partir de la red de colaboración familiar e intervecinal, materializada en el sistema solidario de axudas e contraaxudas. De acuerdo con esta costumbre, la familia contaba con el auxilio de amigos, vecinos y parientes para la construcción de la casa. Carros tirados por vacas y bueyes contribuían a carretar la piedra, en este caso procedente de la propia sierra adyacente. Repil se ubica al pie de una dorsal antigua, un complejo geológico del período Ordovícico que separaba dos grandes lagunas hace mucho tiempo. Este macizo de esquisto cuarcítico contrasta con la naturaleza sedimentaria de los valles adyacentes (Lemos y Somoza). En prospección, y gracias a la deforestación posterior al incendio de octubre del año pasado, hemos podido localizar las pequeñas canteras de donde se extrajo la piedra para la construcción de la nueva casa de los Amaro y de la vecina casa da Adela. Repil, como lugar habitado, nació poquito antes de que se desatase la guerra civil española.





lunes, 14 de mayo de 2018

CSI Repil (I)


A lo largo de todos estos años hemos excavado escenarios de la guerra civil por distintas zonas del Estado, a bordo de vehículos que lucen el logo del CSIC. En la tradición oral de esos sitios nos conocen ya como el CSI. Al fin y al cabo nosotros también somos detectives que reconstruimos microeventos y escenarios de combates y de crímenes que tuvieron lugar hace 80 años. Nuestra segunda campaña arqueológica en la casa de los Amaro en Repil ha contribuido, y de qué manera, a consolidar esta imagen de los arqueólogos como criminalistas del CSI televisivo.


A veces en la arqueología de campo los planes salen bien. En Galicia llevaba lloviendo desde enero. El sol apareció el primer día de excavación y desapareció al acabar la última jornada. Además de esta climatología aliada, nuestro trabajo contó con un acicate más. Por primera vez teníamos ante nosotros la orografía original del terreno en el que tuvieron lugar los combates del 20 de abril de 1949. El incendio de octubre del año pasado llevó a la deforestación de todo el entorno. Empresas madereras se apresuraron a talar los pinos quemados, días previos a nuestra llegada. Así pues, las condiciones en abril de 2018 eran muy diferentes a aquellas de junio de 2016, cuando desembarcamos en unas ruinas rodeadas de vegetación y colmatadas por escombros. En aquel entonces excavamos hogueras de cazadores de los años 70, las cuadras, y el suelo de ocupación de la década de 1950 del salón-comedor, cuando Teresa López Ayán volvió de la cárcel de Las Ventas para rehacer su vida en su casa. El último día localizamos un casquillo en el exterior del acceso al patio. La gente dejaba de creer en los agentes CSI: No váis a encontrar nada, nos decían. Nos daba igual. El mero hecho de centrar la atención pública en este sitio, de recuperarlo como lugar de memoria, era más importante que cualquier hallazgo.


Pero a la segunda fue la vencida. Diseñamos una secuencia operativa que planteaba las siguientes actuaciones:
0. Fotointerpretación de las fotografías aéreas disponibles desde la década de 1950.
1. Excavación en área de la entrada al patio desde la huerta.
2. Sondeos arqueológicos en los basureros de la vivienda y en el canal de desagüe del muro NW.
3. Prospección de cobertura total con el detector de metales en la zona de la huerta y prospección intensiva de todo el entorno.
4. Prospección geofísica con gradiómetro del espacio ubicado entre las dos viviendas de Repil.
El objetivo fundamental era contrastar la información aportada por la tradición oral y por el testimonio de dos testigos oculares del combate, dos chavales que en 1949 vivieron de cerca lo que allí pasó. Uno de ellos falleció hace año y medio y el otro todavía está vivo. Los dos se negaron a que se les mencionase en público. Todo un ejemplo de cómo el miedo y el silencio impuestos por la represión franquista sigue perviviendo en el rural de este país en pleno siglo XXI. A su vez, también queríamos cotejar la realidad aportada por la materialidad con la versión oficial de la Guardia Civil y el propio relato que corrió entre los compañeros guerrilleros de los que aquí murieron.

El lugar habitado de Repil, en el vuelo americano de mediados de los años 50. 

Los resultados han sido más que sorprendentes, si tenemos en cuenta una cosa. Desde el 20 de abril de 1949 todo este espacio ha sufrido alteraciones de calado. La casa fue reocupada por la familia hasta 1964. Se hicieron obras en la línea férrea y en la carretera, acondicionamiento de cunetas y rellenos. Llegó la repoblación forestal y sucesivos incendios desde la década de 1970 se cebaron con todo este despoblado. La extinción del último incendio de octubre conllevó el empleo de maquinaria y la apertura de pistas. La reciente deforestación también ha alterado todo el entorno. Por no hablar de los procesos erosivos producidos por el fuego y los arrastres provocados por las lluvias de los últimos meses. A pesar de todo ello, pudimos reconstruir el escenario del crimen, con éxito.

El despoblado de Repil en la década de 1980.

domingo, 15 de abril de 2018

Todas las casas son ojos

Estado de las ruinas de Repil en 2007.

El lugar abandonado de Repil, en el límite entre Monforte de Lemos y A Pobra do Brollón, es el típico desplobado condenado al olvido en una curva de una carretera vieja del rural gallego. Alfredo González Ruibal, en su Etnoarqueología de la emigración (Diputación de Pontevedra, 2003), estudió estas aldeas dejadas atrás en la Terra de Montes pontevedresa por unos campesinos que embarcaron en el puerto de Vigo para hacer las Américas. Repil se abandonó a mediados de 1960 cuando el último hermano allí residente emigró a los Estados Unidos. Pero Repil es algo más que eso. Es una cartografía silenciada, un lugar que recuerda a los mayores los acontecimientos más dramáticos aquí vividos desde la francesada. A pesar de ser un lugar histórico, estas ruinas no se tenían en cuenta en el relato oficial. En el mismo Repil se conserva un cartel de bienvenida al concello de A Pobra do Brollón instalado en la década de 1990. En él se pasa revista a los personajes históricos vinculados al ayuntamiento, como María Castaña o Samoeiro, un estudiante de Medicina inmortalizado en La Casa de la Troya de Pérez Lugín. Por su puesto, ni una palabra de la guerrilla antifranquista que contó aquí con un auténtico santuario, hasta el punto de que se celebraron dos congresos de la lucha armada en la segunda mitad de la década de 1940.

Diez años después. Repil tras el incendio de octubre de 2017.

El silencio fue de la mano del poder regenerador de la naturaleza. La maleza, la repoblación forestal a base de pinos se comió a finales del siglo XX la casa de los Amaro en Repil. Cuando nos fijamos en ella en 2007 aquello parecía una isla selvática del Golfo de Guinea. Un bosque de negrillos ocupaba el interior de la casa, y era casi imposible hacerse una idea de esta arquitectura doméstica. En esos años se desataba el boom de la recuperación de la memoria histórica. La placa inaugurada en la pared del cementerio de Monforte de Lemos en memoria de los aquí masacrados el 20 de abril de 1949 fue robada inmediatamente con nocturnidad y alevosía. Desde entonces, particulares y militantes de la memoria se acercaban paseando o en bicicleta, en esas típicas tardes morriñentas gallegas. Uno de estos personajes quijotescos y robinsonianos es Antonio, descendiente de la familia campesina que fue represaliada por dar cobijo aquí a los guerrilleros. En los últimos años Antonio ha cubierto el vacío de la administración y ha dedicado tiempo y esfuerzo a intentar limpiar las ruinas y él mismo lleva a cabo un homenaje particular cada año a los caídos. Ante los robos, no le ha quedado más remedio que subir la bandera republicana a lo alto de un roble. En junio de 2016, gracias a su colaboración entusiasta, llevamos a cabo un primer acercamiento breve a este paisaje arqueológico.


Aitor rozando este fin de semana las ruinas de Repil.

Mañana iniciamos una segunda campaña, a modo de corrección de impacto arqueológico. Me explico. En octubre de 2017 los terroristas (los de verdad) intentaron calcinar las parroquias de Chavaga (fue evacuada) y Cereixa. Los brigadistas y los no brigadistas, con Aitor a la cabeza, lograron salvar las ruinas de Repil, como sabéis. En la lucha contra el fuego no quedó más remedio que abrir pistas con maquinaria en el entorno. A su vez, el pinar quemado acaba de ser talado en los últimos meses. Todas estas circunstancias, paradójicamente, han hecho que por primera vez, probablemente desde la década de 1970, podamos tener acceso a la orografía originaria de Repil, la misma en la que tuvo lugar el asedio de la Guardia Civil el 20 de abril de 1949.


La ausencia de vegetación facilitará la prospección magnética, con detector de metales y la toma de buenas fotografías aéreas. La única ventana que se conserva en pie, verdadero símbolo de nuestro proyecto, es hoy un mirador desde el que se alcanzan las montañas que anuncian el Caurel. No podemos dejar de acordarnos de aquel bello poema de Miguel Hernández, del Cancionero y romancero de ausencias (1941-1942):

Todas las casas son ojos
que resplandecen y acechan.
Todas las casas son bocas
que escupen, muerden y besan.
Todas las casas son brazos
que se empujan y se estrechan.
De todas las casas salen
soplos de sombra y selva.
En todas hay un clamor
de sangres insatisfechas.
Y a un grito todas las casas
se asaltan y se despueblan.
Y a un grito todas se aplacan,
y se fecundan, y esperan.

Gracias a Aitor, nuestro héroe particular, Repil luce un césped que ni el estadio de Balaídos. Todo listo para asaltar esta casa que nos llevaba esperando demasiado tiempo. Show must go on.


jueves, 1 de marzo de 2018

Fe de erratas: la verdadera historia del cartógrafo del monte San Pedro




Rectificando datos con la familia Sagarduy-Gancedo.


Sólo hay una cosa peor que equivocarse: no admitirlo y no tratar de enmendar el error. Así que hoy toca publicar un texto en clave de fe de erratas.
El 25 de noviembre de 2016, en este blog, se publicó una entrada titulada “(Re)dibujando líneas ‘en el’ campo”. En aquel texto se recogían algunos datos biográficos sobre el teniente cartógrafo Jesús Gancedo, uno de los responsables del diseño y la ejecución del sistema defensivo del monte San Pedro (Amurrio, Araba), así como de otras posiciones en el frente occidental vasco. Conocimos la historia de este hombre gracias a su yerno, Jesús María Sagarduy, montañero aficionado y atento visitante a nuestras actividades arqueológicas en la zona. Algunos de los datos que aportó Sagarduy no se reflejaron bien en aquel artículo, así que, un tiempo más tarde, este vecino nos señaló amablemente las deficiencias de nuestro trabajo. De esta forma, se inició un pequeño proceso de revisión de la información y ahora ya podemos dibujar mejor la historia de Gancedo, el teniente de la V Brigada del Ejército Vasco que dibujó las defensas republicanas del monte San Pedro.
A continuación, re-relatamos una parte de su historia.


Vista aérea de las posiciones de guerra en el entorno del monte San Pedro.




Jesús Gancedo Huidobro era delineante. Su principal arma era la pantómetra. Un compás con el que calcular la proporcionalidad entre segmentos y así poder tomar mediciones precisas en superficies topográficas. En Amurrio se decía que Gancedo era una buena persona, alguien en quien confiar. Su trabajo exigía esa autoridad moral: a menudo era el encargado de medir terrenos y localizar mojones, ocasionalmente en lugares que eran objeto de largos litigios entre vecinos. Ya sabemos que en el ámbito rural, la parcelación y los conflictos de propiedad son asuntos de enorme importancia. La supervivencia real de muchas personas puede depender de ello. En ese sentido, Gancedo era un medidor, pero también un mediador que salomónicamente intentaba evitar que se produjesen juicios innecesarios y que los conflictos se enquistasen en el tiempo.
Jesús Gancedo era conocido en Amurrio por otra habilidad en la que destacaba: miembro del Círculo Artesano (antecedente del equipo de fútbol actual), hay fotos en bares del pueblo que atestiguan su carrera deportiva. Su hermano, Inocencio, incluso llegó a ser jugador del Jerez. El hermanastro de Jesús, Pepe, era igualmente conocido en la zona por su labor fabricando txistus.


Círculo Artesano de Amurrio en 1927 (fuente: Amurrio Club).


Al estallar la guerra, Jesús Gancedo ejerció como teniente cartógrafo en la V Brigada: la fuerza compuesta por los batallones Bakunin (CNT), Leandro Carro (PCE) y Araba (PNV) que defendió los montes San Pedro y Txibiarte entre 1936 y 1937. Gracias a su yerno, Jesús Mari, sabemos que este teniente diseñó sistemas defensivos realmente complejos en esta zona del frente occidental vasco, ante el temor de que la ofensiva franquista sobre Bilbao se desatase por aquí. Al fin y al cabo, era la vía más corta y rápida para una operación relámpago.
Sin embargo, como sabemos, el ataque dirigido por Mola se desarrolló por otro lado, al este, en la zona de Villarreal (hoy Legutio), alargando así el conflicto y el sufrimiento de miles de civiles y combatientes. Los técnicos alemanes a menudo criticaban la lentitud con la que Mola avanzaba por Bizkaia aquella primavera de 1937. Sólo la voluntad psicópata de purga y destrucción podía explicar el lento avance de unas fuerzas inmensamente superiores a las del Ejército Vasco. Tanto se alargaron las operaciones que el propio Mola no pudo tomar Bilbao. Como es sabido, murió en un accidente aéreo dos semanas antes de la conquista de la villa vizcaína, cuando sobrevolaba Alcocero, Burgos (todavía hoy, Alcocero de Mola)



Fotografía aérea de la Legión Cóndor en el “Sector Orduña-Amurrio-Murguía”, 1937
 (fuente: Archivo Militar General de Ávila).


Ya casi al final de la guerra en el frente vasco, ante la inminente rendición de Santoña, Gancedo fue nombrado capitán del Ejército de Euzkadi. Por supuesto, cuando fue apresado por las fuerzas sublevadas omitió cualquier referencia a este ascenso para así tener más posibilidades de sobrevivir. Una vez hecho preso, coincidió en el Penal de El Dueso con el célebre socialista Ramón Rubial, con quien mantuvo una relación amistosa durante años. De hecho, durante el periodo de la Transición, Gancedo charlaba con Rubial, quien era muy duro con el camino que estaba tomando el PSOE bajo las órdenes de Felipe González.
En Santoña, Gancedo fue condenado a doce años de cárcel por “auxilio a la rebelión”, pero finalmente cumplió sólo tres. Una vez en libertad estaba obligado a ir a firmar al cuartel de la Guardia Civil una vez al mes. Esta rutina mensual marcó la vida de Gancedo hasta bien entrada la década de 1950. Un día, uno de los agentes pensó que ya no era posible que este hombre tuviese que seguir yendo cada mes a firmar. Buscando en los archivos encontró la documentación que acreditaba el fin de la pena, ¡cuando Gancedo llevaba nueve años yendo de más!
Posteriormente, la Administración pública volvería a hacerle la puñeta a Gancedo. En 1984 entró en vigor la Ley 37/1984 de reconocimiento de derechos y servicios prestados a quienes durante la guerra civil formaron parte de las Fuerzas Armadas, Fuerzas de Orden Público y Cuerpo de Carabineros de la República. Esta ley reconocía a quienes habían combatido con la República en tanto que excombatientes, con sus pensiones correspondientes, en igualdad de condiciones con quienes disfrutaron de ese estatus durante la Dictadura, es decir, los vencedores. Según nos cuenta la propia hija de Gancedo, éste tuvo algunos problemas para que se reconociese su situación, en la medida en que el Gobierno de González alegaba que le faltaban dos meses de pena (cuando, como hemos visto, estuvo décadas bajo en régimen de privación de libertad). Imaginamos que las críticas que vertía su amigo Rubial sobre Felipe González resonarían de forma contundente en la cabeza de Gancedo en aquel momento.

 Carnet de excombatiente de Jesús Gancedo (gentileza de la familia Gancedo).



Finalmente, tras un largo proceso burocrático, Jesús Gancedo, quien dibujó las defensas republicanas de San Pedro frente a la sublevación, consiguió ser considerado un excombatiente de pleno derecho. Este reconocimiento llegó tras varios años de cárcel, silencio, convivencia con sus captores y trajín de documentos traspapelados que marcaron su vida. No es más que otra historia de la guerra. Sin embargo, es buen ejemplo de un devenir vital marcado por el maniqueo discurso de vencedores y vencidos, represión oficial por parte del Estado y falta de libertades en la larga duración. Que este artículo, a modo de fe de erratas, sirva como muestra de visibilización de las injusticias. Mientras tanto, seguiremos excavando en las trincheras de la historia y de la memoria. 

Agradecimientos
Agradezco a la familia Sagarduy-Gancedo la atención con que señalaron los errores del primer artículo y el tiempo y esfuerzo que emplearon en reconstruir materialmente –con fotografías, documentos y otros objetos– la historia de Jesús Gancedo. Eskerrik asko. 

Post by Josu Santamarina Otaola (GPAC, UV/EHU).